Ormuz: lecciones aprendidas

Rafael Gallegos

Antes de la invasión a Irán, se daba por descontado que el cierre del estrecho de Ormuz ocasionaría un colapso en el mercado petrolero, y que el precio del barril podría superar los 200 dólares. Se esperaba algo similar al desastre acontecido cuando el embargo petrolero de 1973, que tambaleó a Europa y a Estados Unidos. Sin embargo, la preparación de los países para enfrentar la contingencia sorprendió al mundo. Hubo (y hay) serios inconvenientes; pero, por ahora no hay colapso.

El Embargo de 1973

La suspensión de la venta de crudo a Estados Unidos y a Holanda —conocida como el Embargo Petrolero - por apoyar a Israel en la guerra de Yom Kippur provocó importantes desequilibrios en el mercado energético mundial. La OPEP cuadruplicó los precios del petróleo. En los grandes países consumidores de petróleo se generaron paralelamente inflación y recesión – fenómeno conocido como estanflación –, así como un gran nerviosismo. No podían concebir que su mundo, tan sofisticado tecnológicamente, dependiera de sociedades lejanas y atrasadas. La energía, tan barata por tantos años, se volvió costosa e incierta. Además, se implantó un inconcebible racionamiento de combustible. De inmediato se aceleró la búsqueda de energías alternas al petróleo.

Las investigaciones del sustituto del petróleo, paradójicamente, lo encontraron en el mismo petróleo, la lutita, que permitió a Estados Unidos casi triplicar su decadente producción en apenas diez años, ubicando a ese país como el primer productor de hidrocarburos en el  mundo. Europa y Japón no corrieron con la misma suerte geológica que Estados Unidos; sin embargo, desarrollaron reservas estratégicas de petróleo para mitigar cualquier inconveniente futuro. 

Reservas Estratégicas

Dada la importancia de este término, es fundamental precisarlo. En primer lugar, no se deben confundir reservas estratégicas (SPA, siglas en inglés) con reservas de hidrocarburos. Estas se determinan a partir del petróleo y el gas que la naturaleza colocó en los lechos geológicos. Las SPA corresponden a hidrocarburos que se ubican artificialmente en reservorios como pozos de sal que se perforan, se desplaza la sal con agua y luego se bombea el petróleo; o construcciones que aprovechan depósitos subterráneos como minas. El objetivo es disponer de volúmenes de petróleo en casos de emergencia que suspendan abruptamente el flujo, como, por ejemplo, el cierre de Ormuz o la invasión de Irak a Kuwait.

De esta manera, China (con SPA de casi 2000 millones de barriles), Estados Unidos (con alrededor de 800 millones de barriles), Japón (unos 500 millones), y diversos volúmenes de Alemania, Francia, Inglaterra, Turquía y Corea del Sur, entre otros, han utilizado más de 500 millones de barriles de petróleo de sus SPA para mitigar la escasez de crudo ocasionada por el cierre de Ormuz.

Vías alternas a Ormuz

Durante el cierre de Ormuz, Arabia Saudita ha utilizado su oleoducto Petroline, que conecta campos cercanos al Golfo Pérsico con el puerto de Yanbu en el Mar Rojo. Una longitud de 1200 kilómetros y una capacidad de cerca de 5 millones de barriles por día. Por su parte, los Emiratos Árabes se han servido de su oleoducto Pipeline, de 400 kilómetros de longitud con capacidad aproximada de un millón y medio de barriles, que llega hasta el Golfo de Omán.

Además, Estados Unidos ha transportado simuladamente más de un millón de barriles diarios por Ormuz durante el conflicto. Igualmente, Irán, por un oleoducto alterno y camuflando crudo a China por aguas seguras, ha logrado transportar cerca de un millón de barriles por día.

Mitigación al bloqueo

Si se totalizan las vías alternas, las camufladas y el uso de las reservas estratégicas, el volumen bloqueado en Ormuz disminuyó desde 20 millones de barriles cotidianos, hasta unos seis o siete, lo que atenúa significativamente el impacto. No incluimos el gas licuado (Irán destruyó trenes de Qatar) ni los derivados del petróleo, que también pasan por el estrecho.

Sin embargo, los precios del crudo superaron abiertamente los 100 dólares por barril y los de gasolina y productos derivados también se elevaron significativamente. Claro que ha habido daños en las economías; pero ¿hasta dónde hubiera llegado el impacto de no estar preparados los países para el cierre de Ormuz, si el bloqueo hubiera disminuido la oferta mundial en 20 millones de barriles?

Por ahora…

Si el conflicto continuara por unos cien días más, las reservas estratégicas se agotarían y el precio del crudo se dispararía a la estratósfera. Y si se llega a bombardear los oleoductos de desahogo, la crisis se podría mostrar en su terrible extensión.

Alto riesgo de hecatombe mundial, porque el trasfondo de todo es que la zona es un polvorín, y el verdadero problema, es que nuestra capacidad tecnológica está dejando muy atrás nuestros valores.

 

junio 20, 2026 / Petróleo sin Reservas