Eduardo Orozco*
Los periodistas venezolanos celebramos por primera vez el Día del Periodista el 24 de octubre de 1942; como telón de fondo, se desarrollaba la II Guerra Mundial y en Venezuela gobernaba Isaias Medina Angarita. Esa fecha se modificó en la IV Convención de la AVP celebrada en 1964 y desde entonces el Día del Periodista se celebra el 27 de junio, fecha de aparición de El Correo del Orinoco en 1818.
Este Día del Periodista de 2026 se conmemora en medio de los efectos de una catástrofe provocada por dos terremotos simultáneos. Un “doblete” señalan los especialistas; “Dos terremotos salvajes golpean la Venezuela derruida por el chavismo”, señala el cronista Daniel Lozano en El Mundo, de Madrid. Centenares de muertos, miles de heridos y desaparecidos y la destrucción de más de 350 edificios residenciales, instituciones, hospitales, etc.
A la tragedia que nos golpea desde hace 27 años se le suma ahora este desastre natural cuyos efectos se multiplican por el estado de abandono de toda la infraestructura de seguridad y prevención desatendida todos estos años.
El ejercicio del periodismo en estas circunstancias se convierte en un desafío, en una actividad de alto riesgo físico y emocional para nuestros colegas reporteros. Imposible no involucrarse y no compartir el dolor de familiares que buscan en los escombros algún vestigio de vida de seres queridos.
Desde hace mucho no se celebra este Día tan importante. Para no ignorar esta fecha, ahora se “conmemora”, solo para recordar el estado de acoso y represión de todos estos años, la ausencia de garantías mínimas y de periodistas presos en calabozos y/o con la casa por cárcel.
Los periodistas cómplices de la dictadura guardan silencio y miran para otra parte. No hace falta mencionarlos. Todos sabemos quiénes son. Son los mismos que han intentado destruir nuestras organizaciones gremiales, pero sin éxito.
A esta situación de constante asedio contra el ejercicio profesional y contra el Colegio Nacional de Periodistas, creado por Ley en agosto de 1972, se suma la indiferencia de muchos periodistas y la dispersión de sus organizaciones.
Si enfocamos bien la mirada a nuestro alrededor, debemos identificar, en toda su magnitud, el profundo proceso de transformación del periodismo por el impacto de las tecnologías de la comunicación. Este es un desafío mayor para los medios y los periodistas que no ha podido ser asumido de manera eficiente debido a las condiciones de persecución y atropellos que hemos sufrido en estos años.
Se puede decir que el proceso de cambios tecnológicos que modifica el ejercicio profesional ha marchado en paralelo al proceso político sectario y perverso del chavismo contra los medios y los periodistas. Lo que hemos denominado la “tormenta perfecta”.
Conmemoramos una fecha que nos exige reflexión, unidad y solidaridad. Reconocer los cambios conceptuales y culturales, fortalecer las relaciones de nuestro hábitat, dentro de nuestras organizaciones, con las escuelas de comunicación social, sus profesores y estudiantes, evitar la dispersión y recuperar la presencia adentro y afuera.
Es un gran desafío. A pesar de todo, feliz Día del Periodista.
*Expresidente del CNP
